El término app es un acortamiento de la palabra
inglesa application -aplicación en español¬-, un programa que se instala en un
dispositivo móvil y que se integra en las características del mismo.
Las aplicaciones permiten acceder de manera
instantánea a los contenidos sin necesidad de hacer uso de los buscadores de
Internet permitiendo, generalmente, acceder a ellas sin contar con conexión a
la red de redes.
A diferencia de las webapps, que veremos más
adelante, las aplicaciones móviles requieren de una instalación en el sistema
operativo del dispositivo correspondiente.
Origen e historia de las apps
Aunque el término app comenzó a popularizarse en
2008 con el surgimiento de la Apple App Store y Google Play Store, ya en los
años 90 aparecen aplicaciones en los dispositivos móviles.
¿Pero cuál es el origen de las aplicaciones? Los
expertos lo sitúan en el año 1994 cuando el Tetris (por cierto, el videojuego
más vendido de la historia, nacido en 1984) se instala en el móvil danés
Hagenuk MT-2000.
También otro videojuego, en este caso de tipo
arcade, esté en el origen de la que fue la aplicación más popular de los años
90.
Y es que pocas personas podrían imaginar en 1976 que
el videojuego Blockade (y sus evoluciones posteriores) acabaría en cierto modo
derivando en el popularísimo Snake, de 1997, un juego de elevadísimo uso en
esos años al venir preinstalado en los teléfonos móviles de la marca Nokia.
En esos mismos años 90 comenzaron también a
extenderse aplicaciones de otra naturaleza, no solo de ocio, como agendas o
calendarios.
Aunque en la actualidad existen numerosísimas
aplicaciones de todo tipo, parte del desarrollo de las apps en los años 90 vino
impulsado por los avances tecnológicos para determinados entornos laborales.
Punto de inflexión con el cambio de siglo
Tras este despegue de las apps en los años 90, en
1999 surgió el Protocolo de Aplicación Inalámbrica (WAP, del inglés Wireless
Application Protocol), un estándar para el acceso a la información mediante una
red inalámbrica móvil.
Las conexiones WAP fueron las responsables de que
pudieran desarrollarse las primeras acciones en Internet desde los teléfonos
móviles como acceder al correo electrónico, simplemente navegar por la red o
algo que ahora nos suena obsoleto como descargar politonos.
Como hemos comentado anteriormente, los lanzamientos
de Apple App Store y Google Play Store supusieron una eclosión en las descargas
y utilizaciones de las aplicaciones móviles.
Cómo funcionan las apps
Publicadas en las tiendas de aplicaciones como las
que acabamos de mencionar tras ser desarrolladas, los usuarios acceden a las
mismas y de manera sencilla -mediante un solo clic- pueden instalarlas.
La utilización de los recursos de los dispositivos
móviles como el procesador, la memoria o las conexiones a Internet hacen que
las aplicaciones interactúen con el sistema operativo accediendo a hardware
como la cámara o el GPS, una tecnología que se desarrolló gracias a las
aportaciones de la actriz e inventora Hedy Lamarr, en cuyo honor se conmemora
el 9 de noviembre el Día del Inventor.
En este proceso de instalación se solicita acceso a
una serie de datos, por lo que es necesario prestar atención a qué se está
aceptando. En líneas generales, se suele referir a cuestiones como la
localización, información del calendario o similares.
También es frecuente que, ante la aparición de
nuevas versiones, sea recomendable actualizarlas para incluir estas mejoras,
como por ejemplo parches de seguridad que protejan los dispositivos y la
información que en ellos se almacena.
Aplicaciones nativas y aplicaciones web
Qué son las aplicaciones nativas
Las aplicaciones nativas son aquellas que están
diseñadas para funcionar en un único sistema operativo móvil, siendo la mayoría
de las actuales las que están preparadas para sistemas como Android o iOS. Es
decir: ni una aplicación de Android se puede utilizar en un iPhone ni
viceversa.
La gran ventaja de este tipo de aplicaciones es que
la experiencia de usuario es muy buena y el rendimiento elevado, pudiendo
descargarse únicamente en las tiendas de aplicaciones para posteriormente
instalarse.
Qué es una web app
Aunque a lo largo de este artículo hemos venido
hablando de las aplicaciones para dispositivos móviles, también existen las
aplicaciones web. Estas web apps son aplicaciones de sofware con un comportamiento
similar a las aplicaciones móviles, aunque con la diferencia de que utilizan
navegadores web para su ejecución.
Este tipo de aplicaciones redirigen a los usuarios a
la URL correspondiente, requiriendo por ello conexión permanente a Internet
para que la aplicación funcione de manera adecuada.
Significado y evolución de la appQué significa “app”
y cómo ha evolucionado
Todo
el mundo utiliza aplicaciones en su móvil o tablet, pero no siempre se tiene
claro qué es una app. El término app es una abreviatura de la palabra inglesa application,
y hace referencia a un programa de software diseñado para ejecutarse en un dispositivo concreto,
ya se trate de un smartphone, una tablet, un ordenador o incluso un reloj
inteligente.
En
sus inicios, cuando los teléfonos móviles empezaron a ganar capacidades, ya
existían pequeñas aplicaciones instaladas de serie que hoy podríamos considerar
las primeras apps: calendarios, agendas o juegos como Tetris y Snake en
aquellos Nokia casi indestructibles. Con la aparición de los smartphones y las
tiendas de aplicaciones (App Store, Google Play), el concepto se ha extendido a
miles de millones de usuarios y a casi cualquier necesidad imaginable:
comunicación, banca, salud, deporte, educación, productividad…
Hoy,
una app no es solo “un icono en la pantalla”; es un canal de relación, un punto de acceso a datos y servicios y, en muchos
casos, una pieza clave en la estrategia digital de las
empresas.
Para qué sirve una app en una empresa
Más
allá del uso personal, las apps se han consolidado como herramientas clave para
las organizaciones. Algunas de las funciones más habituales son:
Mejorar la experiencia de cliente, ofreciendo acceso
desde el móvil a información, pedidos, facturas, reservas, tickets o programas
de fidelización.
Digitalizar procesos internos, sustituyendo
formularios en papel, correos o llamadas por flujos digitales trazables.
Facilitar el trabajo en movilidad de equipos comerciales,
técnicos SAT, logística o mantenimiento, que necesitan consultar datos y
registrar actuaciones en tiempo real.
Impulsar la formación y la comunicación interna, mediante apps
educativas, contenidos formativos o canales directos con equipos distribuidos.
Conectar dispositivos IoT y entornos físicos, permitiendo controlar
equipamiento, sensores o instalaciones desde el móvil.
Crear
una app desde cero
Índice de contenidos
Define la idea y el objetivo de tu app
Diseña la experiencia del usuario (UX/UI)
Elige el tipo de app y la tecnología
Prepara las herramientas y el entorno de trabajo
Empieza a programar tu aplicación
Publica tu app en tiendas digitales
1. Define la idea y el objetivo de tu app
Antes de
escribir una sola línea de código, necesitas tener clara la idea que dará sentido a tu aplicación. Pregúntate:
¿Qué
necesidad o problema resolverá?
¿Quién la
usará?
¿Qué hará
diferente frente a otras apps del mismo tipo?
Por
ejemplo, si tu idea es crear una aplicación para organizar gastos, concreta qué
aportará frente a las ya existentes: una interfaz más simple, sincronización
automática con bancos, estadísticas más visuales, etc.
Después, elabora un producto mínimo viable
(Minimum Viable Product, MVP). O sea, una versión mínima que incluya solo las funciones básicas para probar si tu idea funciona.
Así podrás validar tu concepto antes de invertir más tiempo y recursos.
Consejo: analiza reseñas de apps similares en Google Play o App Store. Saber qué
valoran los usuarios y qué critican te dará pistas para mejorar tu propuesta.
2. Diseña la experiencia del usuario (UX/UI)
El
siguiente paso es diseñar cómo se verá
y cómo se usará tu aplicación. Aquí entra en juego la experiencia
de usuario (UX) y la interfaz de
usuario (UI).
Puedes
empezar dibujando en papel o usando herramientas gratuitas como Figma o Penpot (open-source). Representa el recorrido del usuario
dentro de la app: cómo entra, qué botones toca y cómo navega entre pantallas.
Después, crea wireframes, es decir, bocetos que definen la disposición de
los elementos. Cuando tengas eso, añade los colores, iconos y tipografías para
construir el diseño visual final.
Consejos básicos:
Mantén la
interfaz limpia y ordenada.
Usa
colores coherentes con la identidad que quieras transmitir.
Asegúrate
de que los botones sean visibles y fáciles de pulsar.
Prueba el
diseño con usuarios reales y haz iteraciones según el feedback.
Un diseño
claro y validado facilita el desarrollo posterior y mejora la retención de los
usuarios.
3. Elige el tipo de app y la tecnología
Llegó el
momento de decidir cómo vas a desarrollar tu aplicación.
Existen tres grandes opciones:
Apps nativas: se crean para un sistema concreto
(Android o iOS). Ofrecen mejor rendimiento, pero requieren aprender lenguajes
diferentes —Kotlin o Swift— y un mayor tiempo de desarrollo.
Apps multiplataforma: con un único código base se cubren
ambos sistemas. Plataformas como Flutter
(Dart) o React Native
(JavaScript/TypeScript) se utilizan mucho porque optimizan tiempos de
desarrollo, aunque algunas funciones necesitan adaptaciones específicas para
cada sistema operativo.
Apps web progresivas (PWA): se ejecutan desde el navegador y pueden instalarse
como si fueran apps nativas. Son rápidas de desplegar y económicas, pero tienen
limitaciones de acceso al hardware y rendimiento.
4. Prepara las herramientas y el entorno de trabajo
Antes de
empezar a programar, es fundamental contar con las herramientas adecuadas y un
entorno bien configurado. Esto te permitirá trabajar de forma más organizada,
eficiente y profesional desde el primer momento.
Editor de código: utiliza Android Studio o Visual Studio Code. Ambos ofrecen soporte para
múltiples lenguajes y frameworks, además de herramientas de depuración.
Backend y base de datos: si es tu primer proyecto, Firebase es una opción
ideal. Permite gestionar autenticación, almacenamiento y estadísticas sin
complicaciones. Si tu app crece, puedes migrar a un backend propio para
más flexibilidad.
Control de versiones: aprende a usar Git desde el inicio. Crear un repositorio en GitHub o
GitLab garantiza seguridad, trabajo colaborativo y registro de cambios.
Diseño y prototipado: herramientas como Figma, Penpot, Canva o Adobe XD ayudan a transformar
ideas en prototipos interactivos.
Gestión de tareas: organiza tus avances con plataformas como Trello o Notion, ideales para
equipos y proyectos individuales.
Pruebas y API: Postman
es fundamental para probar conexiones externas y asegurar el buen
funcionamiento.
Entorno de desarrollo: considera Docker si buscas una configuración uniforme entre
dispositivos para evitar errores.
A medida
que tu proyecto avance, podrás incorporar sistemas de analítica para entender
el comportamiento de los usuarios, plataformas de testing automatizado o
servicios de integración continua (CI/CD) para optimizar el proceso de
desarrollo y publicación.
5. Empieza a programar tu aplicación
Con tu
entorno ya listo, es hora de entrar en la parte más práctica: el desarrollo.
Organiza la estructura del proyecto: crea carpetas y archivos por funcionalidades para
mantener todo ordenado y accesible.
Diseña las pantallas principales: comienza por las vistas básicas como inicio,
registro, login y el menú principal.
Desarrolla la función clave: construye primero el “corazón” de la app, aquello
que le da valor (por ejemplo, registrar gastos, crear rutinas o enviar
mensajes).
Conecta la base de datos: si empleas Firebase, configura la lectura y
escritura de datos para asegurar que la información se guarde y recupere
correctamente.
Añade validaciones: controla posibles errores del usuario, campos vacíos, credenciales
inválidas o intentos de acceso no autorizados.
Prueba tu app: tanto en
un emulador como en un dispositivo real (siempre que puedas), para afinar la
experiencia final.
El
desarrollo puede parecer complejo al principio, pero con práctica y buena
organización verás cómo avanzas más rápido de lo que imaginas.
Consejo: enfócate
en terminar una función o pantalla antes de pasar a la siguiente. Así es más
fácil encontrar errores y mantener el control sobre los cambios.
6. Publica tu app en tiendas digitales
Con la
app probada y lista, llega el gran momento de publicarla:
Crea una cuenta de desarrollador en Google Play Console (pago único de 25 USD) o en
App Store Connect (99 USD al año).
Prepara una ficha atractiva: redacta una descripción clara y persuasiva
resaltando las funciones principales.
Sube iconos e imágenes de calidad: asegúrate de que tus capturas de pantalla muestren
lo mejor de la app.
Configura la categoría y palabras clave relevantes para mejorar la visibilidad.
Envía la app para revisión: Google suele aprobar en uno o dos días, mientras
que Apple puede tardar algo más.
Después
de publicar, mantente atento a las métricas (descargas, retención,
valoraciones, comentarios, etc.), ya que te ayudarán a decidir qué mejoras
hacer en las siguientes actualizaciones.
En
resumen, crear una app desde cero es una experiencia que combina creatividad,
lógica y visión de negocio. Requiere planificación, constancia y curiosidad por
aprender nuevas tecnologías. Lo más importante es empezar con una idea clara,
construir poco a poco y no tener miedo de mejorar con cada versión.
Si te
apasiona la tecnología y te gustaría dedicarte profesionalmente al desarrollo
de aplicaciones, el Grado Superior en Desarrollo
de Aplicaciones Multiplataforma a distancia (DAM online) del Centro FP Europeo te ofrece una formación
práctica y actual, con la que aprenderás a diseñar, programar y publicar apps
multiplataforma preparadas para el mercado.
Fuentes
https://universidadeuropea.com/blog/como-crear-app-desde-cero/
https://cuatroochenta.com/que-es-una-app/
https://www.telefonica.com/es/sala-comunicacion/blog/app-que-es/

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